lunes, marzo 22, 2010

Una lagrima de felicidad

UNA LAGRIMA DE FELICIDAD




















Solos, ayer, sentados en el lecho
Do tu ternura coronó mi amor,
Tú, la cabeza hundida entre mi pecho,
Yo, circundando con abrazo estrecho
Tu talle encantador;
Tranquila tú dormías, yo velaba.
Llena de los perfumes del jardín,
La fresca brisa por la reja entraba,
Y nuestra alcoba toda embalsamaba
De rosa y de jazmín.
Por cima de los árboles tendía
Su largo rayo horizontal el sol,
Desde el remoto ocaso do se hundía:
Inmenso, en torno dél, resplandecía
Un cielo de arrebol!
Del sol siguiendo la postrera huella,
Dispersas al acaso, aquí y allí,
Asomaban, con luz trémula y bella,
¡Hacia el oriente alguna u otra estrella,
Sobre un fondo turquí.
Ningún rumor, o voz, o movimiento
Turbaba aquella dulce soledad;
Solo se oía susurrar el viento,
Y oscilar, cual un péndulo, tu aliento
 Con plácida igualdad!
Oh! yo me estremecí...! sí; de ventura
Me estremecí, sintiendo en mi reedor
Aquella eterna, fúlgida natura!
En mis brazos vencida tu hermosura!
En mi pecho el amor!
Y, cual si alas súbito adquiera,
O en las suyas me alzara un serafín,
Mi alma rompió la corporal barrera,
Y huyó contigo, de una en otra esfera,
Con un vuelo sin fin!
Buscando allá con incansable anhelo
Para ti, para mí, para los dos,
Del tiempo y de la carne tras el velo,
Ese misterio que llamamos cielo:
La eternidad de Dios!
Para fijar allí, seguro y fuerte,
Libre de todo mundanal vaivén,
Libre de los engaños de la suerte,
Libre de la inconstancia y de la muerte
De nuestro amor el bien!
Y, en un rapto de gloria, de improviso,
Lo que mi alma buscaba hallar creí;
Una secreta voz del paraíso
Dentro de mí gritóme: Dios lo quiso;
Sea tuya allá y aquí!
Y enajenado, ciego, delirante,
Tu blando cuerpo que el amor formó
Traje contra mi pecho palpitante.....
Y en tu faz una lágrima quemante
De mis ojos cayó!
Ay! despertaste.... Sobre mí pusiste
Tu mirada, feliz al despertar;
Mas tu dulce sonrisa en ceño triste
Cambióse al punto que mis ojos viste
Aguados relumbrar!
De entonces acá...¡oh amante idolatrada,
Mas sobrado celosa! huyes de mí;
Si a persuadirte voy no escuchas nada,
O de sollozos clamas sofocada:
Soy suya, y llora así!
Oh! no, dulce mitad del alma mía!
No injuries de tu amigo el corazón;
Ay! ese corazón en la alegría
Solo sabe llorar, cual lloraría
El de otro en la afIicción!
El mundo, para mí de espinas lleno,
Jamás me dio dó reclinar mi sien;
Hoy, de la dicha en mi primer estreno,
El lloro que vertí sobre tu seno
Encerraba un Edén!
Oh....! La esposa que joven y lozana
Diez hijos a su esposo regaló,
Y que después viuda, enferma, anciana,
A sus diez hijos en edad temprana
Morir y enterrar vio....!
Esa mujer, que penas ha sufrido
Cuantas puede sufrir una mujer;
Esa madre infeliz, que ha padecido
Lo que tan solo la que madre ha sido
Alcanza a comprender...!
Ella, pues, cuando a buenos y a malvados
Llame a juicio la trompa de Jehová,
Sus diez hijos al ver resucitados,
Al volver a tenerlos abrazados,
Oh! de amor llorará!
Y de esa madre el dulce y tierno llanto
A la diestra de Dios la hará subir,
Y tal será su suavidad y encanto,
Que en su alta gloria al serafín mas santo
De envidia hará gemir!
Mas ese llanto del amor materno,
Vertido en la presencia del Señor,
Al entrar de la vida al mundo eterno,
No, no será mas dulce ni mas tierno
Que el llanto de mi amor!

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